jueves, 31 de mayo de 2012

¿Por qué es tan difícil hablar de bullying? (2)


En “Diario Educar. Tribulaciones de un maestro desarmado”, Constantino Carvallo comparte una reflexión que para este contexto es bastante pertinente. Observa que cada vez que se ha encontrado con un alumno que ha transgredido alguna norma y ha sido cuestionado sobre sus motivos para actuar de dicha forma, se ha topado con un silencio sepulcral, con una incapacidad para decir la razón de la sinrazón.
No debe ser fácil, ni siquiera para un adulto, decir el por qué de una transgresión así como no debe ser fácil para nuestros alumnos explicar por qué usan la agresión y la violencia en sus relaciones interpersonales. Tampoco debe ser fácil para un chico que es abusado en su escuela decir por qué motivos es precisamente él quien sufre de esas agresiones.
Pero de lo que sí estoy seguro es que quien abusa ha escuchado varias veces que la violencia no es aceptable, que es motivo de castigo y que no se puede aceptar ese comportamiento en el colegio. En ocasiones, cuando he conversado con algún alumno que ha mostrado transgresiones a alguna norma de convivencia me ha servido ubicar su comportamiento en un ámbito ajeno a la escuela. ¿Te has puesto a pensar que te pasaría si hicieras esto mismo pero en la calle?
En esos momentos ocurre un silencio. Creo que es un silencio distinto al que ha observado Carvallo. Creo que este silencio es de quien ha descubierto que la violencia es más un riesgo para él mismo que una transgresión a la norma.
Por eso a veces es difícil hablar de bullying. Porque hacemos incidencia en la convivencia, en la preocupación por el otro, en la empatía cuando lo que nos muestra un comportamiento violento es precisamente la incapacidad de ver más allá de uno mismo.

jueves, 26 de abril de 2012

¿Por qué es tan difícil hablar sobre bullying? (1)

El tema es harto complejo y dar respuesta llevaría a más de un post. Sin embargo, hablar de esas dificultades es tan necesario sobre todo cuando observamos que no son solo los alumnos quienes se resisten a reconocer el uso de comportamientos violentos y agresivos entre sus compañeros sino que esto también alcanza a profesores, directores y hasta los propios padres de familia.
Además habría que considerar algunos datos.
·         Según un reciente estudio realizado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre el 2007 y el 2010 cerca del 50% de los escolares, sin importar si eran de colegios nacionales o privados, sufrieron algún tipo de bullying. En el mismo estudio el 34% de los agredidos prefirieron callar[1].
·         Del 2009 al 2010 la tasa de suicidios adolescentes pasó del 10% al 12% mientras que el 70% de las personas que intentaron suicidarse tienen entre 15 y 30 años. Por último el 20% de la población escolar tuvo algún tipo de depresión[2].
·         El 10 de abril se produjo el tercer caso confirmado de suicidio asociado al bullying. En dicha ocasión la realizó un joven de 19 años cadete de la policía nacional[3].
Es decir aunque el problema guarda un peligro potencial y la población a la que afecta es susceptible a deprimirse y tener comportamientos suicidas, existe algo que hace que al menor señalamiento del tema todos los involucrados hagan un enorme esfuerzo por ocultar el tema.
De hecho en algunos casos abordados recientemente por los noticieros muestran a directores y docentes incapaces de reconocer la violencia entre sus alumnos como un problema inserto en sus escuelas. Probablemente en donde ocurra un comportamiento violento o agresivo estos docentes observarán tan solo bromas, “juegos de chicos” o palomilladas. Aun cuando fuesen apodos -la forma más usual de bullying- el daño que genera en los adolescentes puede ser devastador. Y si a ello le sumamos que ocurra frente a un docente o cualquier adulto estamos hablando de cierto grado de autorización de la violencia.
Pongámoslo de otra forma. Quienes crecimos y/o vivimos en medio del conflicto armado interno hemos interiorizado sin proponérnoslo un discurso sobre la violencia. Tenemos un umbral demasiado alto. Caminamos por la calle y no nos espantan los gritos de los choferes y casi somos inmunes a las noticias de secuestros, robos, violaciones y asesinatos. Pero por un instante preguntémonos si eso es lo que queremos para nuestros hijos.
Ahora díganme si aun así será difícil hablar del bullying.